Ciudad Sur Nº 527 · 07/07/2021 · Social

Rosaspata

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Sharon Gonzales Parra

Rosaspata

Rosaspata es un pequeño mercado ubicado muy cerca del Centro Histórico de Cusco y alberga a muchos productores y vendedores de la ciudad y de las zonas rurales. Cada sección se encuentra zonificada, por lo que sus miembros, la mayoría mujeres con hijos pequeños, construyen y afianzan sus lazos amicales a partir de la pertenencia a una determinada sección.

Esta exploración se ubica dentro del campo de la antropología visual y busca encontrar cómo los actores sociales de Rosaspata habitan los espacios heterotópicos. Para Foucault, la heterotopía tiene como regla yuxtaponer en un lugar real varios espacios que normalmente serían, o deberían, ser incompatibles. A través de la observación participante indagué el cómo se constituyen dichos subespacios, los mismos que generan diversos usos e interacciones superpuestas. Al utilizar la fotografía, el registro sonoro y la técnica de la foto-elicitación se aborda el espacio con una metodología multisensorial, que permite entender sus usos sociales vinculados al sentido de comunidad a partir de tres zonas específicas del mercado.

El primer espacio analizado fue la vía de acceso hacia Rosaspata. Al inicio, pude observar que dicho espacio fue apropiado por un grupo de mujeres que practicaban una danza para una celebración específica. En una segunda visita, encontré a un niño pequeño durmiendo sobre algunos sacos de verduras. Y, en una tercera visita, el mismo espacio había sido apropiado por mujeres de una zona rural, que vendían las flores que habían sembrado. De esta manera, podemos hacer una reflexión en cuanto al espacio y pues, resulta que, la funcionalidad de esta vía de acceso cumple una función antagónica a la original pues se evidencia una multifuncionalidad espacial.

El segundo espacio representa una yuxtaposición incompatible. El callejón, que se ubica en la parte superior derecha del mercado, presenta características inhóspitas y poco habitables. Sin embargo, es el lugar de reunión elegido por los niños, hijos de las vendedoras, quienes a pesar de que su tectónica que no permite realizar ninguna actividad, han convertido aquel no lugar (Augé, 2000) en el lugar cotidiano de juegos y fantasías. En ese sentido, la sonoridad del espacio es rica y compleja, por lo que decidí realizar un paisaje sonoro. “Los paisajes no solo son vistas hermosas, sino que comprometen toda una experiencia sensorial íntima” (Bender, 2001).

Fue gracias a la exploración sonora que pude conocer a los niños y niñas, quienes se mostraron abiertos para explicarme, con sus palabras, cómo se constituía ese sentido de comunidad y pertenencia a partir de experimentar el espacio en camaradería. A la vez, cada uno de ellos concebía de manera muy distinta el espacio y diferían de la significaciones otorgadas por las personas mayores. Fue, justamente, esta suerte de apropiación espacial dada por los niños, un hecho que decidí evidenciar a través de la fotografía. En este punto, realicé retratos de todo los niños y, al día siguiente, los llevé impresos para entregárselos uno a uno junto con sus padres. Más allá de la emotividad y alegría que les proporcionó a los niños salir en una fotografía, pude observar cómo ellos se miraban a través del espacio: reconocían el lugar de juegos y los diversos objetos del callejón. Este punto fue crucial para darme cuenta de su relación, no solo con dicho espacio, sino también con todo el mercado.

Finalmente, el tercer espacio analizado fue la fuente de agua. Ubicada en la parte superior izquierda del mercado, es el espacio de mayor afluencia de todo el complejo, ya que las vendedoras acuden a esta fuente para hacer el aseo de sus productos y utensilios. El agua de la fuente proviene de un manantial y fluye todos los días del año sin parar. Este espacio está muy ligado a mi memoria, ya que, hace muchos años, cuando vivía cerca al mercado, la empresa que brindaba el servicio de agua potable comunicó a toda la ciudad que no habría servicio durante varios días. La desesperación por encontrar agua fue extrema y recuerdo que mi madre me llevó a la fuente del mercado con baldes para cargar agua a casa.

Preguntar en mis entrevistas por el sentido de la fuente, también representó un disparador de memoria para las personas que confluyen en el mercado. Muchas de ellas incluso guardan cierta nostalgia al respecto. Una de las vendedoras mencionó que, en el tiempo en que era ambulante y los fiscalizadores municipales estaban por decomisar su mercadería, ella la escondió al lado de la fuente para que así no se la llevasen, ya que, para ella, representa un espacio seguro. Para otras, este espacio tiene detrás un simbolismo oculto en sus aguas. Una mujer comentó que el agua que sale de la fuente es pura porque “estamos en gracia de Dios y que, si nosotros no somos agradecidos, las siete plagas del apocalipsis saldrán emanando sangre de aquella fuente.”

Resulta interesante contrastar el punto en el que un objeto público puede tomar diferentes significados para las personas, pero que, más allá de la subjetividad de nuestros recuerdos, este objeto funciona como un espacio de comunión y encuentro, donde las mujeres se juntan a lavar y crean, así también, nuevos vínculos que luego se convertirán en memorias. Así, asevero finalmente, lo que ya mencionaba Heidegger: “Nos encontramos en un universo objetual. Universo que contiene una alta carga de emotividad, experiencia y memoria” (Heidegger,1994).

A través de la mirada hacia la comunidad me pude dar cuenta de que las maneras de habitar el espacio son incontables. La pregunta planteada originalmente, ”¿cómo los habitantes de Rosaspata habitan los espacios heterotópicos del mercado?”,me permitió abordar de manera reflexiva la vida en comunidad que se desarrolla de manera cotidiana. La experiencia etnográfica multisensorial me posibilitó mirar y escuchar esta comunidad urbana, haciendo énfasis en la multifuncionalidad del espacio, el cual cobra significancia, utilidad y memoria para los diversos habitantes de Rosaspata. Los entramados sociales no existirían si no fuese por las relaciones que se desprenden de la utilización del espacio y el sentido que los habitantes le dan, albergando una comunidad entrópica con espacios propios a su misma naturaleza.

Augé, M. (2000). Los no lugares. Espacios del anonimato. Gedisa: España. Bender, B. and Winer, M. (eds) 2001. Contested Landscapes: Movement, Exile and Place. Oxford: Berg

Foucault, M. (1984). Topologías (Dos con-ferencias radiofónicas). Obtenido de https://www.mxfractal.org/articulos/RevistaFractal48MichelFoucault.php

Heidegger, M. (1994). La cosa. Obtenido de http://www.bolivare.unam. mx/cursos/TextosCurso10-1/HEIDEGGER-%20LA%20COSA.pdf


Artículo y material audiovisual realizados por Sharon Gonzales Parra, fotógrafa cusqueña

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