Ciudad Sur Nº 514 · 05/06/2021 · Arte & Cultura

Poemas del Sur

A

Andrea Orduña

Poemas del Sur

DEL SUR

Nací en el sur

de coca hasta las rodillas,

envenenada por la tierra a los tres años,

junto a mis iguales

me desdeñaron.

La puna y la helada comprendían:

flores y niños muertos.

En nuestra inmensidad silvestre

adoramos el agua

y nos la quitaron,

adoramos la tierra

y también nos la quitaron.

Nací en el sur

junto a la lloclla infinita

dividiéndose

-a modo bíblico-

arrastrándonos entre el adobe;

Simbólicamente un castigo

(inválidamente divino).

Concluimos culpa en los malos vientos

y en la premonición ancestral

Nací en el sur,

coloreada

dentro y fuera

a modo de carnaval.

Endemoniados

(todos)

por inexplicables

sueños andinos.

Llenos de chicha,

-amor fraternal-

persiguiendo el alimento

sobre la papa heladísima

autora de llagas

y putrefacción orgánica. 

SÍN TÍTULO

Si esta noche se resumiera en fuertes olas golpeando mis ventanas,

Si tan solo los ríos y los muertos fueran parte del escape a los ojos al mirar fuera

Sería divina mi existencia ante esa inmensidad

Y es que vivir en el silencio o vivir del silencio

No me hace ingrata del mundo,

como quien no sigue establecidos en un testamento que jamás leí

porque soy serrana ignorante y el Dios, que sabe de capital y realidad

se negó a aprehenderse de mis entrañas.

Por ello

no sirvo, no otorgo, no adivino, no gozo, no bebo

Del halo impropio en suplicia

Pues padecen los rostros de aquellos que se afirman útiles al mundo.

Yo

 – esta y todas las noches –

Lanzó el alma al camino de los mares, pues yo,

Rechazo ser para el mundo, pero ansío ser con él.

No es mía esta finalidad, pues aquellos a quienes este mundo silencia

Nos gozamos de lo marrón en las pieles para sentirnos tierra

Y alzar la vista al claro cielo, al árbol que apremia la belleza

Y al silencio.

Por eso gozo de mi inutilidad y mi fracaso

Ya no le lloro,

ya no lo condeno

a los dichos de diferentes que

afirmaron en algún momento:

“Ustedes, negros bravíos,

barbaros del ande,

usted que alaba al río muerto,

¡ahóguese en él!”

Bien quisiera yo caer al fondo de todos los ríos conocidos en mi infancia,

Verterme como góndola inservible, llevarme la desdicha

Y plantarla en el hoyo más amplio en el que se me permita dejarla,

Magnifico sería volverme fuego y otorgar luz a mi niña, que estuvo siempre

Envuelta en negación de su piel y su boca desprolija.

Si tan solo hoy no hubiera convertido un gramo de mi alma en viento o mar

No habría encaminado mi corriente a esto que se afirma poema,

P O E M A

Si tan solo fuera yo a asfixiar mi semilla, sería aquí. 

La infertilidad

Ser hija

es creación de algún dios errado.

He sido concebida,

pero me amarraron a los tres años

con el fin de protegerme de los malos vientos

y demonios andinos.

La oscuridad estuvo siempre cerca,

deseosa de nuestros espíritus,

hambrienta de la sangre comunal

derramada en la guerrilla sobre nuestros ríos.

Mi madre, se ahogaba en su seno

con toda la leche que no podría darme después

por la enfermedad del miedo

por el veneno en mi semilla.

Ser madre

-en su muda proclamación-

es agridulce concepto malformado,

pues el sacrificio sobrehumano

edificado en nuestros vientres

por manos bíblicas

nos conduce al río sangriento

de una locura desgarradora

en mí ande naturalmente temeroso.

Es que, el ganado social

no concibe la verdad del dolor

y pretende adorar un sufrimiento

por su naturaleza

femenina y maternal,

Provocando nuestra muerte.

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