Poemas del Sur
Andrea Orduña
DEL SUR
Nací en el sur
de coca hasta las rodillas,
envenenada por la tierra a los tres años,
junto a mis iguales
me desdeñaron.
La puna y la helada comprendían:
flores y niños muertos.
En nuestra inmensidad silvestre
adoramos el agua
y nos la quitaron,
adoramos la tierra
y también nos la quitaron.
Nací en el sur
junto a la lloclla infinita
dividiéndose
-a modo bíblico-
arrastrándonos entre el adobe;
Simbólicamente un castigo
(inválidamente divino).
Concluimos culpa en los malos vientos
y en la premonición ancestral
Nací en el sur,
coloreada
dentro y fuera
a modo de carnaval.
Endemoniados
(todos)
por inexplicables
sueños andinos.
Llenos de chicha,
-amor fraternal-
persiguiendo el alimento
sobre la papa heladísima
autora de llagas
y putrefacción orgánica.
SÍN TÍTULO
Si esta noche se resumiera en fuertes olas golpeando mis ventanas,
Si tan solo los ríos y los muertos fueran parte del escape a los ojos al mirar fuera
Sería divina mi existencia ante esa inmensidad
Y es que vivir en el silencio o vivir del silencio
No me hace ingrata del mundo,
como quien no sigue establecidos en un testamento que jamás leí
porque soy serrana ignorante y el Dios, que sabe de capital y realidad
se negó a aprehenderse de mis entrañas.
Por ello
no sirvo, no otorgo, no adivino, no gozo, no bebo
Del halo impropio en suplicia
Pues padecen los rostros de aquellos que se afirman útiles al mundo.
Yo
– esta y todas las noches –
Lanzó el alma al camino de los mares, pues yo,
Rechazo ser para el mundo, pero ansío ser con él.
No es mía esta finalidad, pues aquellos a quienes este mundo silencia
Nos gozamos de lo marrón en las pieles para sentirnos tierra
Y alzar la vista al claro cielo, al árbol que apremia la belleza
Y al silencio.
Por eso gozo de mi inutilidad y mi fracaso
Ya no le lloro,
ya no lo condeno
a los dichos de diferentes que
afirmaron en algún momento:
“Ustedes, negros bravíos,
barbaros del ande,
usted que alaba al río muerto,
¡ahóguese en él!”
Bien quisiera yo caer al fondo de todos los ríos conocidos en mi infancia,
Verterme como góndola inservible, llevarme la desdicha
Y plantarla en el hoyo más amplio en el que se me permita dejarla,
Magnifico sería volverme fuego y otorgar luz a mi niña, que estuvo siempre
Envuelta en negación de su piel y su boca desprolija.
Si tan solo hoy no hubiera convertido un gramo de mi alma en viento o mar
No habría encaminado mi corriente a esto que se afirma poema,
P O E M A
Si tan solo fuera yo a asfixiar mi semilla, sería aquí.
La infertilidad
Ser hija
es creación de algún dios errado.
He sido concebida,
pero me amarraron a los tres años
con el fin de protegerme de los malos vientos
y demonios andinos.
La oscuridad estuvo siempre cerca,
deseosa de nuestros espíritus,
hambrienta de la sangre comunal
derramada en la guerrilla sobre nuestros ríos.
Mi madre, se ahogaba en su seno
con toda la leche que no podría darme después
por la enfermedad del miedo
por el veneno en mi semilla.
Ser madre
-en su muda proclamación-
es agridulce concepto malformado,
pues el sacrificio sobrehumano
edificado en nuestros vientres
por manos bíblicas
nos conduce al río sangriento
de una locura desgarradora
en mí ande naturalmente temeroso.
Es que, el ganado social
no concibe la verdad del dolor
y pretende adorar un sufrimiento
por su naturaleza
femenina y maternal,
Provocando nuestra muerte.